Mi nieto Manuel

Después de la espera tan deseada, cuando vi por primera vez a mi nieto, tan pequeño, tan frágil, con sus manitas cerradas en puños diminutos, sentí que el tiempo se detenía. Todo lo que había vivido hasta entonces cobró un nuevo sentido, fue como si la vida me dijera: Has hecho un buen camino, aquí está tu recompensa...

Lo tomé en mis brazos y apenas pesaba, pero su presencia llenaba toda la habitación, él, era el centro de todo en ése momento. 
Su respiración suave, su olor a nuevo, su calor contra mi pecho, todo me conmovía hasta lo más profundo del alma. No podía apartar la mirada de su carita, tan tranquila, tan inocente, tan pequeñita... 

Mientras lo miraba dormir, pensé en mi hija, en cómo también alguna vez fue tan pequeña. En cómo yo aprendí a ser madre, cometiendo errores, riendo, llorando, al igual que le sucederá a ella. 
Y ahora, el verla con su propio hijo me hizo entender que la vida es un círculo hermoso, lleno de amor que se multiplica...

Quise prometerle al destino que siempre estaré ahí, que cuidare de este pequeño con todo lo que sé, con todo lo que soy, en mis momentos ON y en los otros. Que le enseñaré ternura, paciencia y el valor de las cosas simples, las que no se compran, las que solo se sienten...

Mi nieto aún no habla con palabras, pero tiene una mirada que lo dice todo, el ha cambiado mi corazón. Ahora mis días empiezan con un pensamiento: “Él está en este mundo”, y eso es suficiente para sonreír incluso en los días más grises...

No sé qué será de su futuro, pero sí sé que cada latido suyo es una melodía que me recuerda que la vida sigue siendo bella, y que ser abuela es un regalo maravilloso que el tiempo y la vida me han dado. Por ello doy gracias a Dios y le pido salud para poder disfrutar de Él...




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